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Por Micaela Bordes para Ada ITW.

La problemática de la inclusión y la brecha de género en el mundo IT es un asunto que se encuentra en agenda cada vez con más regularidad.

Esto conlleva una oferta de proyectos, propuestas y conclusiones que lenta y efectivamente nos acercan más al objetivo deseado. Sin embargo, es necesario también poder hacer un análisis más profundo que nos permita descifrar el origen de las desigualdades para dar visibilidad a las mismas y así aplicar ciertos procesos en el desarrollo de la programación que logren hacer la diferencia.

Grow. Género y Trabajo en conjunto con Manas.Tech desarrollaron una guía que orienta a la reflexión de esta temática.

En primer lugar explican cómo la brecha de género se manifiesta a partir de dos aspectos. Por un lado, se hace referencia al nivel socioeconómico, detallando que aquellas mujeres de países en desarrollo y con menos recursos encuentran más dificultades en el acceso a las tecnologías. Los porcentajes (que varían por regiones) coinciden en que los varones tienen mayor uso de internet móvil y teléfonos celulares.

En segundo lugar, es escaso el número de mujeres que se implican en el desarrollo de las tecnologías digitales. Esto está directamente relacionado con una serie de circunstancias socio-culturales que a lo largo de nuestro crecimiento nos van inclinando a ciertos sectores más “afines” e instalan la percepción de que las carreras STEAM son más aptas para los hombres.


Para programar de manera responsable y con perspectiva de género se debe partir de la base de poder identificar a quién va dirigido el proyecto que se está ideando.

El propósito es comunicar para el grupo más amplio posible y no asumir que hay funcionalidades que solo serán útiles para hombres y otras que lo serán para las mujeres.

Actualmente es muy significativo incluir también a las disidencias.

Esto, además, se relaciona con el diseño del proyecto donde sería contraproducente caer en la correspondencia de colores tenues o pasteles para el género femenino y colores más fuertes para el masculino.

Otra cuestión a considerar es el equipo a cargo, que debe estar al tanto en su totalidad de la intención del enfoque de género. En este punto hacemos hincapié en la necesidad de un equipo heterogéneo que tenga la capacidad de abordar las dificultades que puedan surgir desde distintas ópticas.

Por último, considerar al usuario. Hacer una prueba será de gran utilidad si se expande más allá de un grupo homogéneo y si se tienen en cuenta ciertas variables como vivienda de los usuarios, normas culturales, posibilidades de acceso tecnológico, etc.


Cuando el objetivo está focalizado en programar de manera más inclusiva se debe tener presente el enfoque en todas las etapas posibles.

Es decir, en la evaluación previa, en la planificación y en el periodo de prueba.

Además, nada de esto sería productivo si no se consideran cuestiones básicas como el acceso a dispositivos y su contexto, características del grupo al que se dirige y las normas culturales que poseen.

Programar en la actualidad nos exige responsabilidad y compromiso para aplicar todas las herramientas que estén disponibles y así finalmente dar trascendencia a esa parte de la comunidad que siempre estuvo invisibilizada.

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